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A mis maestros 1

Durante los largos años de formación académica que los músicos profesionales (sea cual sea tu especialidad) nos vemos obligados a atravesar, y añadiendo el tiempo y la distancia que hacen falta para ver las cosas con una cierta perspectiva, a día de hoy puedo decir que sólo algunos maestros pudieron imprimir en mí una sensación de ENTUSIASMO por la materia que impartían.

Estar entusiasmado en griego, significa estar “iluminado por los dioses”. Pero más allá de la gramática, esos maestros a los que me refiero, crearon en mí un sentimiento muy bello que se sitúa en aquellos años de aprendizaje, cuando sin saberlo, algunas personas sabias y entusiasmadas se preocupan de desasnarte y esa ilusión que me transmitieron por saber cosas, que yo amaba sin conocer, se grabó en mi memoria como una de las etapas de las que más feliz me siento de haber vivido.

Yo tuve la suerte de conocer a portadores y transmisores de este tipo de magia, y también (no diría yo desgracia) el inconveniente de que eran maestros dedicados a distintas disciplinas musicales.

Y uno piensa: qué podemos hacer para devolver este regalo tan valioso; hoy por hoy, yo creo que lo único que puede equipararse a ese magnífico regalo; es dedicarse, en la medida de lo posible, a inculcar en tus alumnos ese mismo entusiasmo por lo que enseñas, conseguir, no ya que otros conozcan lo que haces, sino que lleguen a amarlo.

Y al fin, lo más importante. Paso a enumerar por orden de aparición en mi vida, a esos Maestros de los que os he hablado:

DOMINGO CARBAJAL: Quién me hizo comprender cuando yo tenía 8 años, que la guitarra ya no sería una actividad extraescolar nunca más, sino que ya todos mis estudios de ahí en adelante, serían actividades extraguitarrísticas. Generoso, sabio, y tan bueno como guitarrista que no puede ser, para desgracia de muchos, un fenómeno de masas. Pero Valle-Inclán decía, cuando vendió 5 ejemplares de su primer libro, que su público era menor en número que el de Galdós, pero no peor… A él le debo, entre otras muchas cosas, la constatación de que con la guitarra se puede hacer música “trascendente”, y verdadera, pues según él la belleza es el anzuelo, tras la belleza y en lugar superior, está la Verdad. A su maestro, Regino Sáinz de la Maza le dijo a un alumno: eso que toca es tan bonito que me ha emocionado, y Regino le dijo: no te ha emocionado porque sea bonito, te ha traspasado porque es Verdad.
Gracias a él nunca he sentido que recorriera un camino trillado por otros, nunca hasta mí se había tocado el romance anónimo, Asturias o el concierto de Aranjuez, siempre hay algo que descubrir si miras con atención y asumes que si vas a tocar algo, tienes que tener algo que ofrecer. Y esto vale hasta hoy, cuando yo ya soy un músico independiente, pero sigo yendo a aprender de mi Maestro y se sigue cumpliendo, después de casi 30 años, que nunca salgo de su casa sin una buena idea que desarrollar, sin esa prisa de llegar a casa para ponerte a tocar, sin esa impagable sensación de que hay cosas ahí que tú no has visto, profundiza, no huyas corriendo, cava para descubrir y asume quedarte cavando mientras todos corren. Gracias para siempre, Maestro. Si algo he aprendido de él es que para ser feliz hay que tocar bien, no ser famoso.

ENRIQUE BLANCO: Profesor de Armonía que demostró que para saber armonía hay que intentar hacerla, que echó abajo el mito del bajo-tiple, que no enseñaba nada, para un pintor sería como “colorear” un cuadro, elige tus armonías aunque sean malas, recorre el camino de los maestros pero desde su mismo punto de vista. Abolió el Maestro Enrique la falacia de creer que se puede ser torero tomando apuntes desde el tendido de sombra. No hay torero sin toro ni armonista que no puede elegir sus armonías. Como era, y es, tan bueno, tuvo grandes problemas con ciertos personajes que enseñaban desde una cátedra, habiendo sido elegidos a dedo, y sin más mérito del de estar enchufados. (Calvo-Manzano, profesor de acústica). Este personaje pretendía acorralar a Enrique porque era brillante profesor de armonía y no era pianista, olvidando el hecho consumado de que Enrique era el jefe, por ley, del departamento de armonía, simplemente por ser el mejor en conocimientos y en recursos pedagógicos. Fue una lucha descarnada entre dos formas de entender la docencia: 1) Calvo-Manzano, añadido a dedo al conservatorio por su hermana, y semianalfabeto, os remito a su libro, donde la cantidad de atentados a la lengua castellana no concordaba con su ardor hispánico, su hermana digo, catedrática de arpa en tiempo de Franco y 2) Enrique, guitarrista que debido a una lesión enfocó todas sus fuerzas al estudio de la armonía y demostró, por suerte para todos los incrédulos, que a veces, también los realmente buenos alcanzan su sitio. Ya era alucinante enseñando música tonal, corales, minuetos, sonatas etc… pero en el 4º año de armonía, realmente ví quién era él. El único profesor de España que llegaba al siglo XX y ahí abrió nuestros oídos para siempre, con la total seguridad, que hoy comprendo, de que él sólo enseña música buena. La 1ª vez que analizamos a Bartok, me dio un bajón de tensión en clase, por los primeros soles de la primavera, y cogió el tío y me llevó a casa en taxi.Gracias, Maestro.

LUIS ROBLEDO: Magnífico profesor de Historia de la Música. Bajito y con bigotes de húsar, y con una fuerza que emanaba de su amor a su materia y que hacía que todos viviéramos sus clases de dos horas casi sin pestañear. Y el mérito está en que la suya era una asignatura auxiliar para nosotros, dieciséisañeros que sólo pensábamos en ser grandes instrumentistas y que acudíamos a sus clases por obligación académica. Pero decía: os doy a elegir este trimestre entre Gesualdo y Wagner, y si no llegáis a un acuerdo, vengo 2 horas más para atender a los que hayáis caído en minoría. Como historiador amaba la Historia y nos transmitía la importancia que tenía el conocer lo que ha pasado. Su entusiasmo (sí, no me importa repetirlo), le llevaba a dar clases de apoyo en su casa sobre temas ajenos al programa, a prestarte libros inconseguibles y a demostrar a algunos payasos que hay personas que no distinguen entre malos y buenos y que hacen tabla rasa cada vez, y su puerta está abierta también para los que le llamaban bigotudo, parecía saber que algún día le verían como es. Hoy en día, vive a dos portales de mi casa y me lo encuentro en el mercado, al principio no me conocía, pues se nota más la diferencia entre 19 y 32 que entre 40 y 53, pero un día le saludé y se acercó a mí diciendo: disculpa, ¿te conozco? Es que soy miope y muchas veces me saludan sin saber yo quién lo hace. Y ya le expliqué. Desde entonces coincidimos muchas veces en el barrio, donde seguramente nadie sospecha que ese señor bajito, serio, educadísimo y con anacrónicos bigotes de húsar, es el mejor profesor de Historia de la Música que muchos músicos han conocido. Por añadidura y como decía de Enrique, ha ascendido por sus propios méritos a ser el Catedrático de Historia de la Música del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, pero conociéndole, sé que no le importaría ser profesor de historia de la música ambulante. No sería por ello más grande ni más pequeño. Gracias, Maestro.

Lo que nunca olvidaré de mis maestros es su afán desinteresado de hacernos amar lo que ellos aman, porque antes que tú han sido iluminados por la belleza de las cosas que enseñan y se sienten impelidos a enseñarlas.

1 comentario:

katakraos dijo...

Otra cosa que te inculcaron es la pasión por enseñar, el amor a lo que enseñas, y el deseo de transmitir, y desde luego, la capacidad para hacerlo.

A día de hoy, si a alguien puedo llamar maestro, es a ti.

Salir de tus clases es como decías arriba "que nunca salgo de su casa sin una buena idea que desarrollar, sin esa prisa de llegar a casa para ponerte a tocar, sin esa impagable sensación de que hay cosas ahí que tú no has visto, profundiza, no huyas corriendo, cava para descubrir y asume quedarte cavando mientras todos corren."

Gracias por tantos años de aprendizaje y camino, maestro.